martes, 1 de diciembre de 2009

Ramón Carande y CIEE: Un intercambio pequeño

Nuestro primer encuentro en aquel aula un tanto fría de la segunda planta del Instituto de Educación Secundaria Ramón Carande fue algo tenso y descorazonador. Encarnación Quiroga, orientadora académica y psicóloga del centro, además de nuestra anfitriona para la ocasión, se esforzaba por conseguir que aquel grupo de chicos de entre 15 y 17 años se callara. El grupo de estudiantes norteamericanos, del programa de Liberal Arts de CIEE en Sevilla, contemplaba la escena atónito sin atreverse a entrar del todo. Ni unos ni otros parecían saber muy bien qué estaba pasando o para qué estaban allí. No era el caso de José, que sentado al fondo del aula parecía ajeno a todo aquel ajetreo. Vanesa en cambio parecía más nerviosa y no dejaba de cuchichear con sus amigas: eso de tener que sentarse a contarle su vida a estudiantes de otra edad, país, idioma y cultura no la tenía muy convencida.

Tras los muros blancos y las cancelas cerradas del instituto, 800 chicos y chicas acuden a clase a diario. La mayoría son residentes en Las tres Mil Viviendas, barrio obrero con unos 36.000 habitantes, apenas atendido por los servicios públicos de que disfrutan el conjunto de los otros 700.000 sevillanos. Muchos de estos chicos, como es la norma del barrio, son gitanos. A pesar de su persistente marginalidad, los gitanos de Sevilla, antes habitantes del populoso arrabal de Triana del que fueron arrancados por la especulación urbanística, han dado a la cultura andaluza iconos inmemorables, de Carmen, la cigarrera de ficción creada por Prosper Merimè, a toreros de leyenda como Rafael de Paula, Ignacio Sánchez Mejías o Gitanillo de Triana. Sin olvidar a marinos insignes como Rodrigo de Triana, que se dice fue el primero en al expedición de Colón en ver el Nuevo Mundo. Hoy los gitanos han criado la mala fama que acompaña a los “camellos” que venden drogas, condenados a una vida marginal y a veces violenta, aunque muchos de los habitantes de las Tres Mil sean vendedores ambulantes, mecánicos, camareros, limpiadoras, o amas de casa honestas que se afanan por sacar adelante a su familia.

El Ramón Carande ofrece a sus estudiantes una alternativa a todo eso. A diferencia de los centros de secundaria situados en el interior del mismo barrio, éste atrae a los chicos con mayor grado de motivación que, a pesar de las carencias que generalmente arrastran, pueden compartir espacio académico con chicos de otros barrios. Un 20% aproximado de los estudiantes del instituto completan sus estudios de secundaria y acceden a la universidad. Muchos optan en cambio por cualquiera de las titulaciones profesionales que se ofrecen a cambio de no mucho esfuerzo intelectual pero sí bajo la condición de la constancia y la asistencia. Se trata de los denominados Grupos de Diversificación, eufemismo que identifica a los que nunca en realidad han estudiado.

José vive con su familia en un edificio pequeño cerca de la escuela y fuera de las Tres Mil donde ha vivido “desde siempre”. Quiere trabajar como soldador, ayudando a construir los pasos de la Semana Santa, la cual es una tradición importante para su familia. Vanesa en cambio sí que vive dentro del barrio. Cada día, viene a la escuela andando. Su ilusión es llegar a ser entrenadora de un equipo de fútbol. Conoce a todas las personas que viven en su edificio, y eso le gusta. Esta feliz en su barrio. “Hay mucho ambiente” nos cuenta. Vanesa no quiere oír hablar de drogas o violencia. Ella vive y quiere vivir otra realidad.

El despacho de la orientadora del centro muestra a las claras el papel institucional de la Junta de Andalucía en todo esto. Pósters de todo tipo cubren sus paredes: campañas educativas sobre diversidad, contra la violencia de género, contra el consumo de alcohol o de drogas, por la tolerancia, por una sexualidad responsable... todos con intentando dirigirse a los estudiantes en un tono pretendidamente juvenil y fresco. Pero no sólo hay posters. Recientemente se han instalado ordenadores en cada pupitre de cada aula, algo que Encarnación Quiroga cuestiona por la baja inversión que el centro obtiene para lo verdaderamente esencial. Un ambiente como el del Ramón Carande requiere maestros dedicados y pacientes. Estos con frecuencia solicitan la baja por pura depresión. Nunca son sustituidos y los alumnos, sencillamente, se quedan sin clase. En cualquier caso, la ratio profesor-alumno es especialmente en este centro. Son un total de 72 profesores conscientes de que las familias de estos chicos no colaboran como debieran en su educación aunque, al menos, no dejan de motivarles para asistir a la escuela.

Una semana después, José y Vanesa llegaban junto con otros diez de sus compañeros al edifico del Centro de Estudios de CIEE, totalmente decorado para la celebración de Halloween. Apenas salen de su barrio, y aquello era todo una ocasión. Vestidos con sus mejores galas para impresionarnos —Vanessa llevaba una camiseta que ponía “I’m So Over You”— seguimos nuestra conversación. “Tuenti es mucho mejor que Facebook” nos dijo. “El Sevilla es el mejor equipo de fútbol del mundo” “¿De verdad que Nueva Zelanda está tan lejos de Sevilla?” José comentó que tenía muchas ganas de viajar pero que viviría en Sevilla para siempre. En todo el tiempo que estuvimos con ellos no pararon de reírse por casi todo, hasta de sus errores y los nuestros en español o en inglés.

Al día siguiente no abría estudiantes americanos en el Ramón Carande ni de las Tres Mil en el eidifico de CIEE. Con o sin profesores suplentes, con o sin silencio en las aulas y en los pasillos, todo volvería a la normalidad.

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